Últimas noticias!!

Hola internautas!


Mañana viernes Rufo estará en El Mundo en un chat para charlar con los lectores sobre 'La noche del tamarindo'. Es a la 13h, entrando en la web de El Mundo: www.elmundo.es
Es una oportunidad genial para hablar con él!
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La crítica ha calificado a Antonio Gómez Rufo como uno de los escritores más brillantes del panorama literario español. Esta tarde presentará su última novela, La noche del tamarindo (Planeta), en FNAC El Triangle de Barcelona. "

El Periódico.com
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Ayer, Rufo presentó 'La noche' en Bilbao. Hoy, toca Barcelona.
Los que tengáis oportunidad, no os lo perdáis!!



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La inmortalidad de un libro imprescindible

A parte de contar que me he leído 'La noche del tamarindo' por segunda vez ( y lo mismo hay una tercera porque he disfrutado como una enana), tengo que hacer mención a este fantástico artículo de El País sobre la novela.


" LA INMORTALIDAD, por Susana Fortes. El País"

Según los biólogos el cuerpo humano no está diseñado para durar más de 40 años. Al parecer, desde el punto de vista de la evolución no existe ninguna necesidad de vivir más allá de esa edad. O sea que muchos de ustedes, igual que yo, ya habrán rebasado el periodo de garantía como máquinas vivientes. Sin embargo, aquí estamos dispuestos a doblar la apuesta aunque el tiempo no haya servido para hacernos entender las simientes precisas de la felicidad o el dolor


La melancolía es la madre de la investigación genética. Desde la época de los alquimistas vencer al tiempo es un reto que atañe por igual a poetas y a científicos, porque el enigma de eternidad puede hallarse tanto en el interior de una molécula como dentro de un verso. La semana pasada el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia presentó el primer proyecto de clonación terapéutica de células madre para regenerar órganos dañados por la diabetes o el parkinson, sin embargo, todavía quedan encarnizados consejeros de Sanidad empeñados en que la gente muera en la cruz. ¡Que el Dios de las urnas nos libre de la saña de los lamelas de turno!

La lucha contra reloj que libramos cada día por alargar la vida marca la agenda de los últimos avances en Biomédica. De eso precisamente trata la última novela de Antonio Gómez Rufo, un thriller de ciencia ficción con título de bolero. La noche del tamarindo plantea grandes cuestiones en un momento en que nuestro mundo se debate entre la posibilidad de prolongar la vida de las personas al tiempo que nos acercamos peligrosamente a la destrucción del planeta. El hombre siempre ha sido un ser de paradojas. Tal vez por eso el protagonista de la novela, Vinicio Salazar, es un tipo inmensamente rico y desolado que persigue la inmortalidad más por venganza que por deseo de supervivencia, en medio de una trama cosida de traiciones, crímenes, tráfico de órganos y muertos que se van quedando en el camino hacia el infierno que son los otros.

La ciencia avanza a la desesperada mientras los poetas reinventan con mimbres nuevos el sueño de la inmortalidad. "Durante las horas que compartí con los científicos mientras escribía me he dado cuenta de que la longevidad está ahí", cuenta Antonio Gómez Rufo, "nos moriremos de infelicidad, pero no de lo que nos estamos muriendo hoy". Tiene razón, pretender frenar el avance científico es como poner barreras a los astros en su procesión nocturna. Los cardenales pudieron callar a Galileo, pero no lograron impedir que la tierra girase alrededor del Sol.

Al principio del siglo XX la esperanza de vida era de 35 años, hoy es de 80. Hemos conseguido el reto científico de sumar años a la vida. Ahora solo nos falta invertir la ecuación y añadir vida a los años, como soñaba el poeta: "El ciervo en la cumbre de la montaña/ donde no hay rastro de hojas que lo orienten/ conoce la llegada del otoño/ sólo por el sonido de su propia voz". Son versos japoneses de casi mil años y en ellos uno también podría demorarse toda la eternidad. ¡Salud!

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La más bella de las novelas


A pesar de que ha pasado ya bastante tiempo desde que terminé de leer 'La noche del tamarindo', no dejo de pensar en ella y de seguir toda la información que va apareciendo sobre ella.


He querido recopilar algunas entrevistas muy interesantes de estos días porque, todas, tienen algo nuevo que aportar a mis reflexiones.

Así la define la prensa. No puedo estar más de acuerdo.

"El resultado es una novela bella literariamente, de ritmo policíaco en la cadena de sucesos, profunda como un tratado de ética y desencadenante de sentimientos de dolor o ternura como lo sería el diario de una persona querida y perdida para siempre"


Las Provincias
http://www.lasprovincias.es/valencia/20080216/cultura/vida-bastante-20080216.html

La Rioja
http://www.larioja.com/20080218/cultura/quitado-miedo-envejecer-tiempo-20080218.html

Diario Siglo XII
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/31650

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Gómez Rufo en Valencia... y el poder de tu voz

Para los afortunados valencianos, jeje, decir que Gómez Rufo estará mañana día
13 de Febrero en Valencia presentando 'La noche del tamarindo'.

La cita es en la FNAC, me encantaría ir!!! Pero no puedo así que... si alguien va, le invito a contar aquí qué tal. Por otro lado, quiero compartir una muy interesante información del blog 'Welcome to Biblium'.



Se trata de un vídeo publicado, a su vez, por Amnistía Internacional y que creo también muy interesante difundir. "Aministía internacional: el poder de tu voz".
http://web.es.amnesty.org/elpoderdetuvoz/



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La Entrevista Tamarinda

Llegado el momento de transcribir el encuentro con Gómez Rufo me ha entrado cierto pudor. Porque, a pesar de que le pedí una cita con el objetivo de entrevistarle para el blog , fue un momento muy emotivo para mí. Pero lo prometido es deuda. Y como creo que la conversación sobre ‘La noche del tamarindo’ fue muy interesante, quiero finalmente compartirla con vosotros.

Quedamos el martes pasado por la tarde en la cafetería del Círculo de Bellas Artes. Llegué muy pronto porque estaba nerviosa y salí de casa con tiempo de sobra, que Madrid, ya se sabe... Así que me dí una vuelta por los tablones de anuncios, el hall y los escaparates de afuera. Esperé muy poco tiempo, pero creo que llegué a ver el reloj del móvil caminando hacia atrás, jeje.

Cuando Gómez Rufo llegó le reconocí enseguida. Fue puntual, hay que decirlo. Le rodeaba esa luz especial que tienen todos los famosos. No sé cómo explicarlo. Se le nota que es escritor. Tiene “pinta” de artista. Elegante.

Me acerqué a él para presentarme y nos saludamos con dos besos y nos sentamos en una mesa de la cafetería. Yo la verdad es que tenía un poco de tembleque. Estaba super nerviosa y no paraba de decir chorradas, del tiempo, que si la contaminación... yo qué sé.

Poco a poco me fuí relajando porque la verdad, con él es fácil sentirse cómoda. Es super atento, muy afable y sonríe siempre. Te dan ganas de abarazarle todo el rato, jeje.

Es diferente a la imagen típica del escritor yo creo. Me los imagino más bien gordos, calvos y con gafas. Como con pinta de profes.
Pero él no. Rufo tiene cara de actor. De galán. (anda que como lo lea...) Muy atractivo, arreglado. Tiene ojos de gato...

Y bueno, como tengo peligro si sigo por este camino, voy a pasar a lo interesante de la conversación que transcribo, más o menos, algunas de las cosas más interesantes que dijo.

P.D. Por cierto, que al final le medio pregunté si tenía novia.. pero se hizo el longuis y me quedé con la duda. jiji.

  1. ¿Qué te dice la gente que la ha leído? "Me dicen que es una novela trepidante, magnética, entretenida. Incluso me han dicho que es una maravillosa historia de acción y de pasiones. "
  2. Le pregunté qué significaba para él 'La noche del tamarindo' y me dijo que era la mejor novela de su vida (estoy de acuerdo, por cierto). "La historia que cuento es la de Vinicio Salazar, uno de los hombres más ricos del mundo, que persigue el sueño de frenar el paso del tiempo. Y lo busca en el dinero, en la medicina más moderna y en todo lo que, de manera legal o ilegal, se puede comprar. Hasta en el amor. Y sólo cuando lo tiene todo comprende que la felicidad se encuentra en uno mismo, en nuestro interior. Creo que es una gran novela de amor. Un esperanzador canto a la vida.
  3. ¿Quién te inspira?
    Tengo influencias, maestros y debilidades. Por citar alguno te diría Dostoievski y García Márquez. Y por supuesto Cervantes, porque escribiendo tampoco era manco.
  4. Esta respuesta me hace mucha gracia. Cuando le pregunté ¿Cómo empezó a escribir?, me dijo: "Empecé a escribir desde muy joven. Había una chica que me gustaba muchísimo pero, la verdad, era un poco especial. Decía no entender porque llamábamos sexo oral a una práctica en la que es materialmente imposible articular palabra. Al no admitir el sexo oral, tuve que practicarlo con ella por escrito y, eso me permitió adquirir una gran destreza manual."
  5. También le pregunté sobre todo el tema del tráfico de órganos y la medicina clandestina, que es una cosa que me tiene loca, como sabéis. "Hay desapariciones de niños para tráfico de órganos. Lo ha denunciado hasta la Unión Europea y Amnistía Internacional. Casos en Mozambique, Israel, Rumania, Colombia, Chile, Ciudad Juárez, Pakistán, Afganistán y muchos lugares más."
  6. Y entonces le dije algo como que la historia de Salazar parece de ciencia ficción... Es difícil de creer: "En España ya se hacen medio millón de intervenciones anuales de cirugía estética y, si ellas tienen obsesión por ponerse tetas y ellos por prolongarse el pito, ¿que impide al poseedor de una inmensa fortuna, tratar de ir canjeando sus viejos órganos vitales por otros juveniles que le permitan alargar progresivamente su vida de anuncio?

La verdad es que hablamos de más cosas. Estuvimos poco más de media hora porque él se tenía que ir a una cena. Aunque para mí fue una consversación muy intensa. Me aclaró muchas dudas "existenciales", digamos, que me habían surgido durante la lectura (y que no voy a contar todo, por si alguien no la ha leído aún). No sé... le ví una nueva faceta a 'La noche del tamarindo', más romántica....

En fín, que me llamen loca pero.... me quedé un poco más enamorada y tamarinda que antes.

Gracias Antonio por ese buen rato. Ojalá se pueda repetir.

Un besazo!

Nuri.

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El encuentro...

Bueno, por fín ha ocurrido... Ayer conocí a Gómez Rufo.
Estoy tan emocionada que no sé ni por dónde empezar a contar. Entrevistar al culpable de mis noches sin dormir ha sido uno de los mejores momentos de mi vida.





Le hice una entrevista que estoy transcribiendo y que luego colgaré para compartirla con vosotros porque es genial. Sus palabras están llenas de sabiduría y un toque de humor que me encanta. Os contaré todos los detalles.... Todavía me pellizco por si acaso fue un sueño.

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O Dios, o Frankenstein

Por Antonio Gómez Rufo. (El Mundo)


No es nuevo decir que una de las angustias más frecuentes de los individuos que habitan las sociedades de nuestro entorno es el miedo a envejecer. La prosperidad de las empresas dedicadas a la cirugía plástica (en España se realizaron medio millón de operaciones estéticas el pasado año) y los beneficios de la industria cosmética así lo atestiguan. Y es que los avances en la reparación de la carrocería humana han llegado a límites impensables hace tan sólo una década por lo que ya puede asegurarse que, con un poco de dinero y una buena elección del “reparador”, el aspecto exterior de los seres humanos puede mantenerse joven durante muchos años.

Ser joven es, sobre todo, un estado de ánimo. Y para conseguir esa anhelada prolongación de la juventud avanza desbocada una ciencia médica biogenética a la que se le pone demasiadas trabas. Ya se dice que, al menos teóricamente, el ser humano podría vivir ciento veinticinco años o más sin que las dificultades para alcanzar esa edad sean excesivas, pero lo verdaderamente importante no es disfrutar de un aspecto joven muchos años sino que el organismo, por dentro, no se desmorone de un modo inevitable. No en vano se puede observar que hay muchos más ancianos resignados que dichosos. El problema es cómo resolver el deterioro de la salud mental porque de lo contrario sería absurdo hacer realidad lo que en teoría es perfectamente factible.
También es verdad es que los gobiernos, en general, y los poderes económicos que manejan los hilos del mundo no se sienten entusiasmados con esa posible longevidad general. La razón es tan simple como comprensible: ningún Estado podría mantener un sistema de pensiones que cubriera a la totalidad de la población hasta edad tan provecta. Y ningún Gobierno se arriesgaría a permitir en su país una población que precisara del establecimiento masivo de alternativas de ocio, cultura, entretenimiento y trabajo específico. En definitiva: la razón para interponer trabas a ciertas investigaciones científicas e impedirlas en nombre de no se sabe qué criterios morales parece ser, como siempre, económica.
Ya se sabe que el proceso de envejecimiento del ser humano se caracteriza por cuatro elementos concretos: alteraciones en el metabolismo de la glucosa, disminución progresiva de testosterona, pérdida de masa ósea y ausencia de vitaminas antioxidantes, lo que se materializa en un quebranto de las facultades físicas. No parece que se trate de elementos tan graves como para que su corrección exija de demasiados esfuerzos. Lo que sucede es que ese proceso viene acompañado de algo más que la disminución de facultades físicas: se nutre de una progresiva disminución de las facultades psíquicas, de un decaimiento progresivo, una resignación aprendida de lo que se ve alrededor y una convicción cultural de que lo que toca es envejecer y luego morir. El aburrimiento ante el exceso de cromos repetidos, dirían algunos; por no decir que la verdad es que descubrimos desolados que soplamos con menos fuerza cuantas más son las velas que adornan nuestra tarta de cumpleaños.
Aun así no nos resignamos sino que exigimos más años de vida saludable, porque lo creemos posible. Bastaría con extender la atención reparadora del aspecto exterior del ser humano (lo que es sencillo mediante prácticas de cirugía plástica, cremas y hábitos de vida) y profundizar en el estudio de la genética molecular y celular, en la experimentación con células-madre y en la investigación de los procesos de regeneración del organismo. Ello supondría una inversión estatal en I+D que no se desea o no es posible, una decisión firme de tomarse en serio el desarrollo investigador y una voluntad política hasta ahora inexistente.
Lo más sobresaliente de este proceso antienvejecimiento tan ansiado por la población es que, hasta donde es fácil deducir, en el mundo se ha impuesto una medicina para ricos y otra para pobres. Y para los muy ricos, para esas fortunas inconmensurables que cada vez disfrutan más individuos sin nombre ni rostro, se realizan prácticas de las que lo más prudente es no hablar. Porque, ¿cómo atreverse a denunciar el dramático tráfico de órganos humanos existente? ¿Cómo especular con la permanente desaparición de niños expuesta por la Unión Europea y Amnistía Internacional, ente otros, que afecta a tantos países, desde Mozambique a India, desde Brasil a Sudáfrica, y a otros muchos lugares a los que resulta imposible señalar porque nunca quedan rastros a seguir ni pruebas que aportar? ¿Y cómo averiguar qué sucede en realidad en la trastienda de algunas clínicas privadas de cirugía estética en algún que otro país? No es posible denunciar, insisto, porque se carece de pruebas, pero el debate está abierto y nos debería hacer pensar sobre algunas cosas que están sucediendo a nuestro alrededor.
La ciencia biogenética tiene un gran futuro pero, sobre todo, un futuro hoy por hoy impensable. Se anuncian bacterias capaces de generar energía, se amenaza con saltarse la prohibición de patentar nuevos fármacos biomoleculares (de efectos que no conocemos), se especula con logros tecnológicos inimaginables hoy… Se asusta a la población insinuando que, sin controlar a los científicos, alguno podría crear artificialmente genes que conformen un virus letal utilizado como arma terrorista (para la extensión de una epidemia, por ejemplo). Pero, ¿acaso ciertos gobiernos no cuentan ya con armas químicas y biológicas capaces de arrasar una ciudad o un país entero? La Ciencia no debería ser nunca sospechosa por investigar y crear: acabamos de ver que en Estados Unidos se ha logrado crear vida artificial fabricando la cadena de ADN de una bacteria y que en Valencia se ha conseguido impulsar una clonación celular para curar enfermedades. Es verdad que los científicos pueden ser Dios o Frankenstein; pueden crear, fabricar e investigar para el bien o para el mal, como siempre se ha hecho, pero el uso que se haga de los avances científicos no será responsabilidad del investigador sino del sistema político que lo utilice.
Por lo que ya sabemos, Fausto no sería hoy un soñador, ni el Holandés Errante un vagabundo de los siete mares, ni Prometeo un patológico ambicioso; tampoco soñarían los buscadores de Eldorado, los perseguidores de la eterna juventud o los médicos medievales de las soluciones alquímicas. Ni Dorian Grey necesitaría un pacto diabólico. El futuro ya está aquí y con su perseverancia y las sorpresas que cada día nos transmiten los medios de comunicación nos insinúa que Blade Runner es cada vez menos ciencia-ficción, que La Isla en mucho más real de lo que creíamos cuando la vimos en el cine, que las novelas que describen los deseos eternos del ser humano han dejado de ser mera ficción y que la longevidad extrema es una posibilidad real para quien pueda pagársela. Otra cosa es la nueva desigualdad social entre quienes tengan que acudir al precario ambulatorio de la esquina y quien pueda pagarse Houston, Navarra o el más sofisticado de los centros privados. Pero tampoco eso sería ninguna novedad en el mundo, para qué engañarnos.
Es natural el miedo a envejecer; y comprensible la aspiración a perpetuarse y sobrevivir en las mejores condiciones físicas y mentales. La juventud vive de sueños y la vejez de recuerdos, decía George Herbert acertadamente. Así pues, ¿quién no quisiera ser siempre joven? Pero una cosa es aceptar investigaciones y descubrimientos obtenidos a través de cordones umbilicales, placentas y material orgánico humano desechable y otra muy diferente ocultar actividades científicas y médicas ilegales y denigrantes, en el probable caso de que se estén realizando. Y no es preciso referirse a la moral al tratar de estos asuntos: la moral responde a un tiempo concreto y a una ideología determinada y la Ciencia no puede detenerse ante semejante estrechez coyuntural, como nunca lo hizo. En todo caso cabe referirse a la ética, a esos principios inmutables ante los que, con frecuencia, miramos hacia otro lado. Que la ciencia transgreda es inevitable e, hipocresías aparte, al final a nadie le parecería mal si el cáncer termina venciéndose o las enfermedades cardiovasculares se convierten en cosa del pasado, como la viruela. Pero lo decente es vigilar porque si el precio a pagar es en vida de niños, en manipulación de enfermos terminales y en compra de órganos a los más pobres, sería repugnante. La indecencia nos acecha en el modelo de sociedad que hemos creado entre todos aunque, al fin y al cabo, el dinero sólo puede comprar lo que está en venta. Y algunas cosas no lo pueden estar. ¿Controlar a los científicos? No lo sé. Mejor sería pagarles más.
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